[Intro] Madrid, salida dieciocho cuarenta. Asiento catorce, ventanilla. [Verse 1] Teresa estaba ya de regreso, Mirela logró descansar. El susto pudo acabar distinto; no supe dónde dejar esa verdad. He grabado todas sus voces, he ordenado nombre y edad. Pero un archivo no pone un médico ni vuelve casa habitable de veras. [Refrain] El billete de las dieciocho cuarenta cabe doblado en cualquier bolsillo. [Verse 2] Julián me dijo: «No te quedes por culpa, pena o necesidad. Los salvadores duran un invierno; los vecinos tienen que durar más». La frase dolió porque era posible. Podía marcharme y colaborar. Podía quererlos desde una pantalla sin dormir bajo este tejado desigual. [Chorus] El billete de las dieciocho cuarenta dice que aún puedo regresar. El billete de las dieciocho cuarenta no dice dónde debo estar. Marcharse no siempre es una derrota; quedarse no siempre es lealtad. [Verse 3] Veo la escuela detrás del álamo, la luz de Mirela en el ventanal, las treinta y ocho ovejas de Tomás y el salón que volvimos a escuchar. No siento una llamada de la tierra, ni una certeza sentimental. Sólo una pregunta concreta: ¿qué trabajo estoy dispuesta a realizar? [Bridge] No puedo prometer un pueblo nuevo. No puedo ocupar la vida de los demás. Pero quizá pueda ofrecer mis manos sin convertirme en el centro del lugar. [Final Chorus] El billete de las dieciocho cuarenta sigue esperando en mi celular. Marcharse no siempre es una derrota; quedarse no siempre es lealtad. El billete de las dieciocho cuarenta se apaga cuando dejo de mirar. No he decidido salvar un pueblo. He decidido sentarme y preguntar. [Outro] El autobús aparece al fondo. No levanto el brazo. Pasa de largo. La melodía completa por fin sus tres notas descendentes.